Cayetano Rivera, el chico Armani, se hizo torero sin dificultades, un día con veintitantos años se levantó y dijo quiero ser torero, pues nada a ser torero el niño, con toda la resonancia mediática, aprovechando los apellidos tan toreros que lleva y con sus posibilidades económicas, comenzó de novillero apoderado por Curro Vázquez (parece mentira) que montaba la de Dios en los sorteos, cuando no eran arreglados de antemano, entrando donde quería.
Luego pasó a los cuatreños, y ahí sigue cómodo sin grandes compromisos, ni grandes alardes, mucho toreo de galería al público facilón y enamoradizo de sus atributos masculinos, eso sí llenando plazas por su nombre y su físico, no por su torería.
No dudo que sabe torear y cualidades tiene más que el hermano mayor (el galardonado por su arte) pero cuantos toreros, sin posibles, con igual o más torería se quedan sin torear por falta de posibles y buenos contactos, pero claro estos no llenan plazas.
Ahora leo en Malaka Taurina y en Los Toros con Agustín Hervás que toreará la goyesca de Ronda con su traje de Armani, seguro con gran resonancia mediática, pero también seguro con borreguitos, pero esto es lo que menos importa: el toro.