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sábado, 28 de julio de 2012

La tarde pesaba



Difícil era el reto que se había impuesto Iván Fandiño, y difícil fue levantar una tarde que se había puesto plomiza y pesada como el ambiente plumbeo que trajeron unas nubes de calor y una lluvia que lejos de refrescar embochornó todavía más la tarde.

Porque el de Orduña se había impuesto un reto difícil, muy incomprendido por parte del público que no le perdonaban la más mínima y se silbaba y recriminaba actos que en otros momentos son silenciados incluso jaleados por otro público más amable. Aunque hay que reconocer que también otra parte del público más festivo y dicharachero fue que le aclamo en su quinto toro y le pidió una oreja de muy bajo valor artístico, pero que lo puso en la corrida y permitió empezar a abrir la puerta grande.

El ganado no fue ni mucho menos posibilitador de triunfo, más bien olía a saldo, especialmente los de Fuente Ymbro, uno pequeño, que fue devuelto al partirse el cuerno contra el burladero, y otro un zambombito con muy poca clase en la embestida con el que se metió a sacar pases muy embarullados y enganchados sin ningún asomo de calidad, tras una estocada que propició cortar el primer trofeo de la tarde.
Con los de Adolfo Martín, sin casta ni raza, se revolvían en poco terreno llevándoselo el primero de ellos por delante y oliéndose un feo percance que no fue tal pero que le destrozó la chaquetilla.
Los de Alcurrucen mansos y descastados, llegaron al último tercio con el tranquito suficiente para extraer varias series con las que se pudo mostrar algo de repertorio. Con el último después de cortar el primer apéndice, se calentó y puso más corazón que técnica, faena de voluntad que tras tirarse a matar y llevárselo feamente por delante le dió un estoconazo que le valió un segundo trofeo que abría la puerta grande.

Tarde demasiado plumbea donde por momentos se venia abajo y que el torero con más amor propio que toreo verdadero pudo levantar sin llegar a tocar el cielo.

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