Para empezar, gracias a su pata pa'lante, su estima por el pitón contrario y su vergüenza, hacen que junto a los trastos de torear y los de matar, entre las puntillas y los verduguillos, viaje la guadaña junto a su dama. No hay tarde que no estén expuestos a ellas. Son los verdaderos novios de la muerte sin necesidad de cabra, himno o legión.
Antonio Díaz, La ortodoxia de la sangre en 'Hasta el rabo...'
No hay comentarios:
Publicar un comentario